Dirigida por Martin Scorsese
1976
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La producción del film trata de proyectar una falsa calma que agrava la tensión que se produce dentro de la trama. Ayudado en
labores de cámara por el operador Michael
Chapman, que no en vano firmaría aquí, junto a la venidera ‘Toro
salvaje’ (‘Raging Bull’, 1980) su mejor trabajo, Scorsese alcanza la perfección
técnica absoluta en la planificación y el montaje, y la maestría total en el
ritmo, el tono y el punto de vista de la historia. Nueva York como una ciudad
inhóspita, gélida y llena de peligros, que a través del punto de vista (cada
vez más demente) de Travis, se convierte en un infierno que él, ángel
exterminador, debe purgar.
Y aunque Scorsese comprende en parte a su
protagonista, bajo ningún concepto comparte su visión del mundo. Es decir, nos
invita a seguir a este taxista, pero nos deja bien claro que no se identifica
con él, al contrario de lo que han querido ver algunos críticos. En ningún
momento, salvo en los planos fantasmagóricos de las luces de la ciudad,
obtenemos planos subjetivos, que imiten la mirada del personaje central.
Terminamos sospechando que su extrema alteridad es la razón fundamental por la
que el curioso impenitente de Scorsese nos narra esta historia.
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